Transístmico en duelo: el Estado entra a zona de prueba.

Transístmico en duelo: el Estado entra a zona de prueba

Transístmico en duelo: Nacional | Oaxaca | 04 de enero de 2025

El descarrilamiento de un convoy del Tren Transístmico en Oaxaca, con un saldo de 13 personas fallecidas y decenas de lesionadas (domingo 28), abrió una escena de duelo que no puede convertirse en botín político. La presidenta Claudia Sheinbaum ordenó prioridades en secuencia: atención a heridos y familias, esclarecimiento riguroso y, solo después, condiciones de seguridad para reanudar operaciones. En paralelo, la Fiscalía General de la República y la Agencia Reguladora del Transporte Ferroviario iniciaron investigaciones dentro de sus competencias.

El dato duro no agota la disputa: un proyecto de infraestructura federal no se mide únicamente por su trazo o su discurso, sino por su capacidad cotidiana de operación segura, coordinación interinstitucional y disciplina técnica en territorio.

El dolor no suspende la disputa: la reordena

En tragedias así, la primera batalla es narrativa: quién fija el sentido público del hecho. El bloque conservador buscará reducirlo a “fracaso” para debilitar la legitimidad del proyecto y golpear, por extensión, la idea de Estado con capacidad de planear y ejecutar. El deber aquí no es neutralidad: es impedir que el duelo sea usado para desfondar una política pública estratégica.

Quién decide la seguridad y quién responde en territorio

La decisión real pasa por una cadena concreta: operador ferroviario, protocolos de mantenimiento, supervisión regulatoria, coordinación con protección civil y autoridades locales. Si la investigación identifica fallas técnicas, el umbral es corregir sin encubrir; si identifica fallas de gestión, el umbral es reordenar mando, contratos y calendarios. La seguridad no es un comunicado: es un sistema de inspección, trazabilidad y rendición de cuentas que funciona antes, durante y después del accidente.

La investigación como campo de poder institucional

Evitar especulaciones no significa vaciar el conflicto: significa sostenerlo con evidencia. La investigación debe proteger a víctimas y sobrevivientes, y al mismo tiempo blindar el proceso contra presiones: ni linchamiento mediático ni cierre corporativo. La capacidad estatal se prueba en su forma más dura: cuando debe corregirse a sí misma en público sin regalarle el marco a quienes quisieran que el Estado no opere nada.

Sintopía

Hay tragedias que revelan el precio de lo real. Un tren no es metáfora: es metal, mantenimiento, turnos, decisiones y fatiga acumulada. Cuando descarrila, la vida concreta reclama algo que suele faltar en la política: continuidad responsable. El Estado entra en zona de prueba porque debe hacer dos cosas a la vez: cuidar a las víctimas sin convertirlas en cifra y sostener un proyecto sin convertirlo en dogma.

El conservadurismo intentará una jugada simple: usar el dolor para matar la idea misma de infraestructura pública. La respuesta no es propaganda, es método: investigación impecable, corrección operativa y una ética de implementación que no se anuncia, se ejecuta. Si el Transístmico ha de ser corredor, primero debe ser garantía. El horizonte no se cancela: se disciplina.

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